Reflexión (64)

Reflexión: El Principito

14 Dic 2015
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“Fue entonces cuando apareció el zorro:
Buenos días-dijo el zorro.
Buenos días –respondió educadamente el principito, que se dio la vuelta pero no vio nada.
Estoy aquí – dijo la voz-, bajo el manzano…
¿Quién eres? –dijo el principito-. Eres muy bonito…
Soy un zorro –dijo el zorro.
Ven a jugar conmigo –le propuso el principito-. Estoy tan triste…
No puedo jugar contigo –dijo el zorro-. No estoy domesticado.
¡Ah, perdón! –dijo el principito.
Pero tras reflexionar, añadió:
¿Qué significa <<domesticar>>?
No eres de por aquí –dijo el zorro-. ¿Qué buscas?
Busco a los hombres –dijo el principito-. ¿Qué quiere decir <<domesticar>>?
Los hombres –dijo el zorro- tienen escopetas y cazan.
¡Es tan molesto¡ También crían gallinas. Es lo único que les hace interesantes. ¿Buscas gallinas?
No –dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué quiere decir <<domesticar>>?
Es algo casi olvidado –dijo el zorro-. Significa <<crear lazos>>…
¿Crear lazos?
Claro –dijo el zorro-. Para mí todavía no eres más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas a mí. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero si me domésticas, nos necesitaremos el uno al otro. Serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo…
Empiezo a comprender –dijo el principito-. Hay una flor…Creo que me ha domesticado…
 
 www.laprensagrafica.com 
 
Es posible –dijo el zorro-. Se ve de todo en la Tierra…
¡Oh¡ No es la tierra –dijo el principito.
El zorro pareció muy intrigado:
¿En otro planeta?
Sí.
¿Hay cazadores en ese planeta?
No.
¡Eso es muy interesante¡ ¿Y gallinas?
No.
Nada es perfecto –suspiro el zorro.
Pero el zorro volvió a lo suyo:
Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan a mí.
Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Así que me aburro un poco. Pero si me domésticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de los demás. Los otros pasos me hacen esconderme bajo tierra. Los tuyos me sacarán de la madriguera como una música. Y además, mira: ¿ves esos campos de trigo? Yo no como pan. El trigo no me sirve de nada. Los campos de trigo no me dice nada. ¡Y eso es triste¡ Pero tú tienes el pelo de color de oro. ¡Así que será maravilloso cuando me hayas domesticado¡ El trigo, que es dorado, me recordará a ti. Y me gustará el sonido del viento entre el trigo...
El zorro calló y contempló un largo rato al principito:
Por favor… ¡domestícame! –dijo.
Me gustaría –respondió el principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo amigos que descubrir y muchas cosas que aprender.
Sólo se conoce lo que se domestica –dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Pero como no existen vendedores de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
¿Qué hay que hacer? –dijo el principito.
Hay que ser muy paciente –contestó el zorro-. Primero te sentarás algo alejado de mí, así, en la hierba. Yo te miraré por el rabillo del ojo y tú no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…
El principito volvió al día siguiente.
Hubiese sido mejor que hubieses vuelto a la misma hora –dijo el zorro-. Si vienes por ejemplo a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a sentirme feliz. A medida que avance la hora me sentiré más feliz.
A las cuatro estaré ya inquieto y agitado; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, no sabré nunca a qué hora tener listo el corazón…Los ritos son necesarios.
¿Qué es un rito? –dijo el principito.
Es también algo casi olvidado –dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los demás, una hora diferente de las otras. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. Bailan los jueves con las chicas del pueblo. Así que el jueves es un día maravilloso. Me voy de paseo hasta el viñedo. Si los cazadores bailasen en cualquier momento, los días se parecerían unos a otros y yo no tendría vacaciones.
Así fue como el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó el momento de la despedida:
¡Ah! –dijo el zorro-. Voy a llorar.
La culpa es tuya –dijo el principito-. Yo no quería hacerte daño, pero te empeñaste en que te domesticara…
Claro que sí –dijo el zorro.
¡Pero vas a llorar¡- dijo el principito.
Claro que sí –dijo el zorro.
¡Entonces no saldrás ganando nada con todo esto¡
Saldré ganando –dijo el zorro- con el color del trigo.
Y añadió:
Vete a ver las rosas de nuevo. Comprenderás que la que tienes es única en el mundo. Luego vuelve a decirme adiós y te regalaré un secreto.
 
(…)
 
Éste es mi secreto. Es muy sencillo: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos”.
 
 aldogal.wordpress.com
 
 
Tomado del libro “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry.
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REFLEXIÓN

18 Nov 2015
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“Los retos que plantea el extremismo islámico a la seguridad global y a la regional, no son de poca monta. Simultáneamente con viejas y conocidas tácticas como la de no jugar con las reglas de sus oponentes, no caer en patrones predecibles, no perder la iniciativa que en este caso está compuesta por la movilidad y la sorpresa –dos principios clásicos de la guerra convencional-, obligar al enemigo a mantener un frente hiperextendido –en todo el mundo-, “golpear y correr” y tratar de causar el máximo daño con el menor esfuerzo posible; aliadas de estas viejas tácticas, repito, están otras como la de carencia de un liderazgo central y controlador (”Leaderless”), liderazgo   que ha sido una de las características de los grupos terroristas tradicionales muy ligada al “culto a la personalidad”; la globalización de las acciones terroristas con la meta de conformar una nueva estructura política en “una lucha política e ideológica entre democracia y el estado islámico que se establecerá después”[1] y, por supuesto, la posibilidad del empleo de Armas de Destrucción Masiva biológicas, químicas, nucleares o radiológicas. No escapa a este inventario de posibilidades terroristas postmodernas, la actividad que puedan desplegar Hackers, Phreackers, Crackers, Lamers, Phisings y similares en la red informática mundial, pudiendo caotizar regiones enteras con virus o con “bombas lógicas” o “Trojans” de impredecibles consecuencias.
 
(…)
 
En la conferencia sobre terrorismo en Tel Aviv en Septiembre de 2005, las conclusiones acerca de las tendencias del terrorismo no fueron muy alentadoras: el terrorismo está lejos de disminuir, funcionará basado en cadenas regionales o locales, no tendrá liderazgo visible, se enriquecerá con la diáspora de veteranos de Irak, tendrá una ideología extremista islámica más fuerte, los actos serán menores en cantidad pero mayores en letalidad y la Internet será su más fuerte medio de difusión y apoyo”.
 
Fragmento tomado del libro “Terrorismo en Colombia” de John Marulanda
 
[1] Declaraciones de Akhmed Dzhalilov, miembro del Partido de la Liberación “que busca reemplazar los gobiernos existentes en el mundo musulmán con una teocracia islámica que operaría fuera del alcance e influencia de la vida occidental”. Tomado del The New Cork Times, citado en el diario El Tiempo el 16 de octubre de 2005.
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Reflexión

23 Oct 2015
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“…el papel de escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si en ello consiente. Pero el silencio de un prisionero desconocido, abandonado a las humillaciones,  en el otro extremo del mundo,  basta para sacar al escritor de su soledad,  por lo menos, cada vez que logre, entre los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trate de recogerlo y reemplazarlo, para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte. 
 
Nadie es lo bastante grande para semejante vocación. Sin embargo,  en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre para poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificará sólo a condición de que acepte, tanto como pueda, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio a la verdad, y el servicio a la libertad. Y puesto que su vocación consiste en reunir al mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira ni a la servidumbre porque, donde reinan,  crece el aislamiento. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia ante la opresión. 
 
Durante más de veinte años de historia demencial, perdido sin remedio, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, especialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años  en la época de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, Y que para completar su educación se vieron enfrentados a la guerra de España, a la segunda guerra mundial,  al universo de los campos de concentración, a la Europa de la tortura y de las prisiones, se ven hoy obligados a orientar a sus hijos y a sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación han reivindicado el derecho al deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de entre nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. 
 
Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia”. 
 
Tomado del discurso pronunciado por Albert Camus el día 10 de diciembre de 1957 en Estocolmo cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. 
 
 
 
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REFLEXIÓN

09 Oct 2015
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“Pobre era el ratón cogido; pero el gato se alegra aun por el ratón más flaco. ¿Quiénes eran los Thenardier? Digámoslo en pocas palabras; completaremos el croquis más adelante. Pertenecían estos seres a esa clase bastarda compuesta de personas incultas que han llegado a elevarse y de personas inteligentes que han decaído, que está entre la clase llamada media y la llamada inferior, y que combina algunos de los defectos de la segunda con casi todos los vicios de la primera, sin tener el generoso impulso del obrero, ni el honesto orden del burgués. Eran de esa clase de naturalezas pequeñas que llegan con facilidad a ser monstruosas. La mujer tenía en el fondo a la bestia, y el hombre la pasta del canalla. Eran de esos seres que caen continuamente hacia las tinieblas, degradándose más de lo que avanzan, susceptibles a todo progreso hacia el mal. Particularmente el marido era repugnante. A ciertos hombres no hay más que mirarlos para desconfiar de ellos. Nunca se puede responder de lo que piensan o de lo que van a hacer. La sombra de su mirada los denuncia. Sólo con escucharlos hablar se intuyen sombras secretas en su pasado o sombras misteriosas en su porvenir. . El tal Thenardier, a creer sus palabras, había sido soldado; él decía que sargento; que había hecho la campaña de 1815, y que se había conducido con gran valentía. Después veremos lo que había de cierto en esto. La muestra de su taberna, pintada por él mismo, era una alusión a uno de sus hechos de armas. Su mujer tenía unos doce o quince años menos que él; su inteligencia le alcanzaba justo para leer la literatura barata. Al envejecer fue sólo una mujer gorda y mala que leía novelas estúpidas. Pero no se leen necedades impunemente, y de aquella lectura resultó que su hija mayor se llamó Eponina y la menor, Azelma”. 
 
TOMADO DE LA OBRA "LOS MISERABLES" de Victor Hugo
 
 
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