REFLEXIÓN.- FANATISMO. VOLTAIRE. Destacado

16 Nov 2017
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“Fanatismo es el efecto de una conciencia falsa que sujeta la religión a los caprichos de la fantasía y al desconcierto de las pasiones. Los fanáticos salen del templo llenos del Dios que les agita, y difunden el pavor y la ilusión por toda la tierra; se reparten el mundo, y el fuego que los anima se enciende en sus cuatro extremidades; los pueblos oyen y los reyes tiemblan. El imperio que el entusiasmo de un solo hombre ejerce sobre la multitud que le ve o que le oye, el calor que las imaginaciones reunidas se comunican, los movimientos tumultuosos que aumentan la perturbación particular de cada uno, comunican el vértigo general a todos. Basta que un pueblo encantado vaya detrás de algunos impostores, para que la seducción multiplique los prodigios y para que se extravíe todo el mundo. El espíritu humano, cuando sale de las vías luminosas de la naturaleza, no vuelve a entrar ya en ellas; vaga errante alrededor de la verdad sin encontrar más que resplandores que, confundiéndose con las falsas claridades con que la superstición la rodea, acaban por sumergirla en las tinieblas. Es horrible examinar el modo en que la creencia de apaciguar al cielo por medio de la matanza, en cuanto se introdujo, se esparció universalmente por casi todas las religiones; que multiplicaron los motivos de hacer el sacrificio para que nadie se escapara de la inmolación.

El fanatismo es a la superstición lo que el delirio es a la fiebre, lo que la rabia es a la cólera. El que tiene éxtasis, visiones, el que toma los sueños por realidades y sus imaginaciones por profecías, es un fanático novicio de grandes esperanzas; pronto podrá llegar a matar por amor de Dios. Es una enfermedad del espíritu que se adquiere como las viruelas. Los libros la comunican menos que las asambleas y que los discursos. Rara vez nos acaloramos leyendo, porque entonces estamos sosegados; pero cuando el hombre ardiente habla con entusiasmo a imaginaciones débiles, sus ojos centellean y el fuego de su mirada, de su voz y de sus ademanes logra contaminar y conmover los nervios del auditorio. También haya fanáticos que conservan la sangre fría: pertenecen a esa clase los jueces que sentencia a muerte a los que no han cometido más crimen que el de no pensar como ellos; y son mucho más culpables y más dignos de la execración del género humano, porque no obran acometidos por un exceso de furor y debían oír la voz del razón. El único remedio que hay para curar esa enfermedad epidémica es el espíritu filosófico que, difundiéndose más cada día, suaviza las costumbres humanas y evita los excesos del mal, porque desde que esa enfermedad hace progresos es preciso huir de ella y esperar para volver a que el aire se purifique. Las leyes y la religión son insuficientes contra la peste de las almas”. Voltaire

 

Modificado por última vez en Jueves, 16 Noviembre 2017 10:49
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